Muchas situaciones me han llevado a Bariloche: vacaciones,
estudio, trabajo…y pocas me han traído de vuelta.
San Carlos de Bariloche es una ciudad maravillosa, con un
enorme crecimiento en el último tiempo. Muchos porteños arrepentidos lo hemos
poblado junto a otros arrepentidos de otras ciudades, lo que lo hace un lugar
casi cosmopolita.
Siempre digo que este lugar tiene vidas paralelas. Por un
lado, las calles del centro cívico y alrededores hacen eco de todos los
idiomas, y turistas de todo el mundo se acercan durante las 4 estaciones del
año, porque Bariloche se disfruta de todas las formas, así que la temporada alta
dura 365 días por año.
Por otra parte, y unas cuadras más “arriba” (léase más
alejado del Lago/centro) los lugareños siguen con su vida habitual. Si bien se
ha transformado en una ciudad grande, la vida de “pueblo” o ciudad del
“interior” (como le llamamos nosotros, los porteños) está totalmente arraigada,
y no existe un domingo al mediodía donde uno pueda encontrar un negocio
abierto.
Vamos a lo que nos deleita: sus montañas, sus lagos, su
todo.
Primeras vacaciones con Damián en Bariloche: semana de feriados
y días “puente”, improvisamos unas mochilas, algunos artículos de camping (la
mitad prestados), dos pasajes en micro, y allá vamos. Enfatizo la palabra:
Improvisamos. Cuánto aprendimos sobre qué necesitamos (que es poco) y qué NO
necesitamos (todo lo demás) para ir en carpa. Como primera medida, eso: una
carpa. Las imágenes de la pequeña, pequeñisima carpa que nos prestaron son más
que elocuentes. Cómo voy a imaginarme yo que la carpa que me presta mi cuñado
es más chica que él mismo??? Cómo voy a darme cuenta que debería haber revisado
el equipo antes de salir?? eh?. Primera noche en la carpa, en el www.campingpetunia.com: friiiio,
mucho friiiio, y el piso está tan duro. La madrugada nos despierta húmedos, hay
una gotera en la carpa? NO, qué gotera? la carpa condensa toda la humedad de
nuestra respiración, y nos la devuelve, mojando todas las paredes de nuestro
mini hogar. “Por suerte alquilamos un auto” pensamos. Y la segunda noche la
pasaríamos allí. Así fue como lo acondicionamos: calentador eléctrico,
cortinitas, y asientos reclinados. Hasta mañana!. Pero pasamos tanto frío como
la noche anterior, y la verdad que dormir con el volante incrustado en las
rodillas, o acelerar para cambiar las piernas de posición, no es lo que yo
llamaría descanso en vacaciones.
Tercera noche: camping agreste (=sin servicios, excepto baño
durante el día) a orillas del Lago Mascardi, bajando del cerro Tronador. Qué
romántico, qué silencio, qué paisaje…qué frio!!!! y esta noche había
“aggiornado” mi sistema de abrigo, usando bolsas de supermercado en los pies,
pero no funcionó. Esa faringitis me torturó la garganta toda la noche, y hasta
creo que me desperté con fiebre. Dormir toda la noche con vista al lago no
palió mi malestar. Damián nunca jamás se enteró. Ni esa noche, ni la anterior
porque duerme con una morsa embarazada. Ese día dije Basta! y nos fuimos a
comprar una carpa, y un colchón inflable!! J Allí las cosas tomaron
otro color, y recuperando energías, nos pusimos a pasear.
Una cuenta pendiente que tenía era subir el Cerro López, a
pie por supuesto. Y casi la cuenta pendiente la tengo para bajar, porque cuando
llegamos arriba no me podía mover. Tal es la dificultad que tuvimos para
completar la subida, que luego de eso Dami dejó de fumar…bien eh! La subida
siempre es un problema para mí. No fui dotada de brillantes aptitudes físicas:
piernas cortas, un par de kilos de más la mayoría de los años, y una capacidad
pulmonar bastante poco desarrollada. Pasó que subiendo, ya agotada y con ganas de volver (como siempre
que se pone difícil la cuestión) de repente, cerca del último tramo de llegada
al refugio, vemos vacas. Sí, vacas, gordas y de piernas más cortas que las
mías, ahí tiradas, lo más panchas. Cómo llegaron esas vacas ahí??? cómo es que
esas vacas pueden subir como si nada y yo no??? Buaaaaaa. Y lloré.
Llegar al Refugio López es lo más. La vista perfecta, y la Coca Light que más
disfruté en la
vida. Definitivamente vale la pena. Perdernos
durante el descenso no fue tan terrible, era cuestión de agudizar el oído y
seguir el arroyo. Como en las películas.
Otro de los Cerros que merece una visita (y me arriesgaría a
decir que son todos) es el Cerro Campanario, cuyo ascenso puede hacerse en
aerosilla, o preferentemente a pie.
Deslumbrante la vista panorámica que tiene este lugar!
El Cerro Llao llao, más alejado y más desconocido por el
turista, pero no menos fabuloso que el anterior, también se presta a subirlo
sin dudar, y ya que estamos, luego del descenso, hacer un picnic en la playa de
Villa Tacul, lugar rodeado de una tranquilidad plena, donde los atardeceres son
impagables.
El Cerro Otto está cerca, a tan solo 4 km del centro, por lo que
uno hasta podría agarrar un envión e ir caminando. Para subir, hay un par de opciones:
Telesférico para los más vagos o afectados por la artrosis y el paso de los
años…o para quienes vayan a echar una mirada y seguir. Caminando (sí, para
arriba, obvio), o en vehículo. Este lugar el famoso por su Confitería
Giratoria, hermoso lugar para probar un chocolate caliente, una torta, y
reponer las energías utilizadas en el ascenso (el que sube en vehículo, por
supuesto engorda más, qué esperaban?). También tiene un sendero para recorrer,
y algunas actividades para hacer cuando hay nieve.
Para quienes disfrutan de esquiar, el Cerro Catedral es uno
de los centros de esquí más importantes de Latinoamérica, pero por nunca
haberme subido a un esquí, nada puedo decir al respecto. Por supuesto también
tiene senderos de trekking, y el refugio Frey, es ideal para visitar (este nos
quedó pendiente…otra razón más para volver pronto!).
Otro lugar que hay que conocer es, sin dudas, el Ventisquero
Negro, en la base del Tronador. Este es un Glaciar, aunque no parece porque,
justamente es negro. Esto es así por la tierra y los minerales, y las cosas que
arrastra el hielo. El ruido (“tronador”…se entiende no?) de los derrumbes de
hielo es emocionante!!. Está un poco
alejado, y llegar cuesta un poco porque es un camino de ripio no muy cómodo,
pero el paisaje que se disfruta en el trayecto es alucinante, donde el Lago
Mascardi no pasa desapercibido por su brillante color verde turquesa.
Si se dispone de algunos billetes destinados a hacer una
excursión, Puesto Blest y Lago Frías es una de las tradicionales. Un hermosor
de lugar! La isla
Victoria, a mi gusto, no tiene mucho más que ofrecer, está
sólo para ir con el criterio que se visita junto con el Bosque de Arrayanes,
que es un precioso.
Cerca de Bariloche hay otros destinos tan lindos como este
para visitar. San Martín de los Andes y villa La Angostura están bastante cerca,
y el camino por los 7 lagos es imperdible.
Más hacia el sur, se puede visitar El Bolsón, donde nosotros
fuimos sólo por un día y nos quedamos más de lo planeado. No porque hayamos
querido (igual queríamos pero…) sino por un desperfecto mecánico en el lugar
menos esperado, un domingo después del mediodía, donde casi nadie circula. Al
momento en que Damián comenzó a correr alrededor del auto agarrándose la
cabeza, mientras veía que el indicador de temperatura subía, y subía..una
familia que bajaba del cerro con su vehículo me alcanzó hasta una estación de
servicio donde podría buscar un mecánico. Aprendí que en los pueblos, no hay
mecánicos disponibles los domingos a la tarde. Y que uno siempre debería saber dónde
está, ya que el operador telefónico del seguro se pone de muy mal humor cuando
uno no colabora. “Más para allá” y “arriba de un cerro” no son referencias
geográficas de utilidad. Finalmente el operador tuvo la genial idea de
contactarme con un remolque local, lugareño (de Buenos Aires, pero “venido y
quedado” como le dicen…) quien supo buscarme por la estación de servicio y
llegar hasta donde Dami había quedado sentado en el auto, en la misma posición
en la que lo dejé hacía más de una hora, pero más deshidratado. Fuimos
remolcados, y nuestro bólido fue parcialmente reparado, para volver a nuestra
carpa en Bariloche. Ojalá se me hubiera ocurrido cargar todo en el auto a la
mañana cuando nos fuimos. Quizás hubiera sido mejor dormir en El Bolsón;
justamente esa es la idea de ir en carpa, ir parando donde uno lo
necesita…ah..ahora lo entendí!
Ese día también visitamos Lago Puelo, en Chubut. Tan
hermoso, como fría está el agua.
Y así podría escribir horas y horas acerca de uno de
nuestros lugares preferidos, pero prefiero dejar lugar, ya que tengo planeado
volver unas cuantas veces más…
